Escritos


ESCRITO # 1

DICIEMBRE 2010

EL PROBLEMA DE LA ALEGRÍA

Por qué no? Después de ilustrar al pueblo y de velar por su salud; después de tenerlo bien alojado, bien vestido y bien comido, hay que procurarle distracciones que no impliquen crueldad, como las corridas de toros y las riñas de gallos, que deberían proscribirse. Baños públicos, parques, avenidas, monumentos nacionales educativos del buen gusto, jardines zoológicos, exposiciones, conferencias, fiestas patrias, carreras de caballos, música, teatro y sobre todo, deportes atléticos y gimnasios públicos.

Crear la alegría, la alegría sana, madres de la benevolencia, es el mejor servicio que puede prestarse a los colombianos que, en medio de una risueña naturaleza, son un pueblo melancólico y huraño, que parece rumiar a toda hora un tedio incurable. “Amor, honor, valor, trabajo, lealtad y buen humor, son los que hacen que valga la pena de vivir en este planeta” dice MR. Birrell, orador inglés.

Somos un pueblo habituado a pelear con denuedo y a morir con gloria; pero que no ha aprendido  a vivir con cordura  y alegría. Ha llegado al momento de instruirse en el arte de conservarse. No anhelemos más la muerte; no contemplemos más la tristeza con favor particular; lancemos con pasión un grito de demanda  del ser y del durar.

El pueblo colombiano como que siente en sus entrañas el bullir de una vida nueva, en su pecho la palpitación de un nuevo anhelo. Esperamos que resurgirán días de prosperidad y en alcanzarnos pongamos todo nuestro connato: estudio asiduo, trabajo constante, querer firme y rostro risueño.

Tomado del libro: Morales, Benítez Otto –selección y prólogo- El Pensamientos Social de Uribe Uribe.                   2 ed. – – Medellín: Secretaría de Educación y Cultura, 1988. 164 pag.

ESCRITO # 2

ENERO2011

Comienzo por proponer que modifiquemos esa perniciosa disposición de los ánimos. Eutropelia llamaron los griegos a la jocosidad inofensiva  a las manifestaciones comunes de agrado, fórmulas convencionales de la pulidez. No sabemos eutropelia, aprendamos eutropelia. Procuremos suprimir las pequeñas causas de irritación, que sumadas son las que producen los grandes estallidos. Evitemos cuidadosamente los desagrados personales; suavicemos las costumbres; sepamos apreciar las cortesía y las buenas maneras; hagamos menor gasto de voces agresivas y mayor de palabras amables; siendo uno de los mayores predicados de la lengua castellana la energía de las expresiones, propongámonos usar las menos hirientes, las más atenuadas; reemplacemos por dulzura la amargura, y sentiremos pasar sobre nosotros  una atmósfera de benevolencia que por sí sola será capaz de conducirnos a acuerdos duraderos y útiles. Seamos flexibles e insinuantes; transijamos. Sólo en una cosa mostrémonos intransigentes e inflexibles: la honra y la grandeza de la patria. Dejemos que la corriente pacifistas que sopla por el mundo penetre por todas las costas, valles y montañas de nuestro país, como un alisio refrescante y reparador. Necesitamos una Colombia nueva, una joven Colombia y para ello tenemos que empezar por romper las maniotas del pasado. Busquemos de preferencia y con afán las cosas en que estemos de acuerdo, esforcémonos por disminuir la causa de antagonismo. Hecha una cuidadosa selección de lo que convenimos y lo en que discordamos, esmerémonos en apartar esto y en ocuparnos sólo de aquello. Si sabemos que no hemos de convencer al adversario, porque todo colombiano finca su orgullo en no confesar que su contenedor tiene razón, y por lo que se nos enseña en los colegios no es discutir sino a porfiar, para qué perdemos el tiempo? Difundamos nuestra palabra para fortificar en su fe a los que ya creen en ella y tal vez para que se semilla  germine si logra caer en el terreno propicio de un espíritu  favorablemente predispuesto

Tomado del libro:

Morales Benítez Otto –selección y prólogo- El Pensamientos Social De Uribe Uribe. 2 ed. Medellín: Secretaría de Educación y Cultura, 1988. 123 pag.

ESCRITO # 3

Febrero2011

A medida que avanzamos, la montaña desenvuelve su espesura y los baches van siendo más hondos. Árboles inmensos, cedros y dindes de troncos rectos y lisos que se levantan a manera de columnas para terminar en la bóveda formada por sus propios ramajes; búcares y cauchos de cuerpo retorcido; guaduas y carrizos exuberantes tratan de romper la masa poderosa y al no conseguirlo inclinan y doblan las cabelleras de opulentas hojas; palmas de contextura elegante y florecido copete se yerguen con ligereza y arrogancia, separando a sus rivales; bejucos y lianas semejantes a cables marinos, potentes lazos con que los monstruos vegetativos se atraen y se encadenan; taguas de follaje regordete y espinoso: arbustos vivaces agrupados en torno de las especies superiores, como en busca de arrimo al verse perseguidos por la ambición de los más fuertes; todos los hijos espontáneos de la tierra, sultana fecunda, todos, desde el roble hasta el mimbre y desde las trepadoras formidables hasta la vainilla aromosa oculta en los rincones, nacen, viven, combaten y mueren en el gran recinto de la selva; se disputan el aire con ansia de prisioneros aglomerados en estrecha cárcel; se lanzan al cielo en la conquista de la luz, alma de su existencia; batallan sin tregua; se arrebatan el suelo, pulgada por pulgada; se hieren con sus armas, con sus espinas, con sus raíces tenaces; se transmiten sus enfermedades y sus venenos; se derriban con desnudos brazos; se odian o se aman; se acarician lascivamente o se azotan; sucumben los débiles sin gozar de los rayos del sol; levantan sus copas orgullosas los fuertes, los dominadores; se confunden en himeneos estériles, o se fecundan en floraciones rojas, azules, blancas, grises; palpitan a los besos del viento y a los rumores del agua; se disputan los regocijos de las aves coloreadas por el prisma y, gigantes o pigmeos, pelean la batalla de la vida, tan triste, tan sorda, tan estrepitosa como en las selvas humanas.

Tomado de:

Grillo; Max. Emociones de la guerra, Editorial Universidad Industrial de Santander. 2008. pags. 248 – 249.

Texto dondado por Antonio José Obando

Escrito # 4

Marzo 2011

Y repito: en Colombia todo está por hacer. Como el siglo de vida independiente que pronto cumpliremos, lo hemos pasado divertidos en el sport de la guerra, estamos singularmente retrasados en todas las sendas del progreso. Tenemos todo una nación por reconstruir. Nuestros padres y nosotros mismos creímos “hacer Patria” empleando los fusiles destructores. Necesitamos “hacer patria” con las herramientas fecundas del trabajo.

Pero cómo se pretende que nos dejemos deslizar dormidos sobres la balsa, abandonados al amor de la corriente de las aguas perezosas y turbias de este Magdalena de nuestras costumbres? Así nunca llegaremos al mar donde hace tiempo navegan los bajeles de las demás naciones. Un remo llevamos en la mano, voto a bríos¡ y debemos emplearlo para bogar más aprisa y en dirección determinada. Campo al estado previsor y activo.

Yo he podido renunciar, como en efecto he renunciado, una vez por todas y para siempre a ser un revolucionario con las armas, pero no he renunciado a ser un revolucionario y un agitador en el campo de las ideas. Cada mañana toco tropa a las que he venido profesando, y pasada la revista revaluadora, doy de baja sin pena a las que hallo inútiles para el servicio y las repongo con otras jóvenes y robustas. Querrían que así precediesen todos, en vez de apacentarse en la inercia del pensamiento y de la acción. Si el país de pierde es por pereza. Trabajemos.

Morales Benítez Otto –selección y prólogo- El Pensamientos Social De Uribe Uribe. 2 ed. Medellín: Secretaría de Educación y Cultura, 1988. 58 – 59 pag.

Escritos # 5

Abril 2011

Una noción nueva se ha apoderado de las sociedades modernas, y es la de que ya hoy no se trata de disputarse la transmisión de los privilegios sino de llamar la universalidad de los ciudadanos una condición mejor. Esto no se realizará sin vacilaciones y tanteos, pero es un paso decisivo y magnífico en la vía de la humanidad. “Ese gran hecho, de tan conmovedora belleza, dice J. Tierry, no implica ningún menoscabo a los principios de orden, de autoridad y de propiedad, salvaguardia indispensable de la sociedad; al contrario, hará la aplicación de esos principios menos empírica, más legítima y más noble”.

Si queremos que la República sea otra cosa que un engaño, hay que esforzarnos por asegurar a cada colombiano condiciones de vida material que garanticen su libertad y su independencia, y le suministren el tiempo y la seguridad indispensables para el ejercicio de las funciones cívicas. Y si no, para qué en la Constitución y en las leyes lo llamamos ciudadano? Suena como una paradoja la frase proudhoniana “nadie tiene derecho a lo superfluo cuando  otros carecen de lo necesario”. Pero nadie podrá vedar a los espíritus cultos la facultad de meditar en un posible justo medio en que se equiparen las condiciones de los que están en lo alto de la escala económica, si descienden a un tanto, con la de los que están en lo bajo, si ascienden otro tanto.

Tomado del libro:

Morales, Benítez Otto –selección y prólogo- El Pensamientos Social de Uribe Uribe.                   2 ed. – – Medellín: Secretaría de Educación y Cultura, 1988. pag.  146 – 147

Escritos # 6

Mayo 2011

La Floresta virgen

Las selvas vírgenes de nuestro país ofrecen uno de los espectáculos más augustos y maravillosos de la creación, superior al océano en potentes manifestaciones de vida, que dan idea de las fuerzas ocultas que rigen  el planeta. Las llanuras líquidas del mar son estériles, monótonas y tristes, mientras que las florestas tropicales son mares de vegetación pujante que cubren el horizonte y que el huracán agita en ondas, a pesar de su firmeza. A los ojos del observador que las contempla desde alguna altura, ofrecen una superficie compacta, sobre la cual parece que se pudiera caminar o navegar.

Todos los sentidos se extasían, todos los sentidos artísticos gozan en medio de la floresta, donde el observador ejercitando descubre primores de arquitectura, escultura, pintura, música  y poesía.

A un silencio imponente, que inspira vago terror, suceden de súbito rumores sordos y ecos misteriosos, conjunto de discordancias y armonías de procedencia  ignota: quizá es el murmullo de los arroyos o de los ríos que, derramando frescura, se deslizan por debajo de las cúpulas sombrías retratándolas en su linfa; quizá es el frote de los troncos y las ramas, mecidos por el viento y que producen lúgubres gemidos: quizá sean los soplos escapados de la mirada de insectos y larvas que viven bajo las hojas y las cortezas, en el aire, en el suelo y bajo la tierra. Recorren el suelo por veredas anchas y limpias, interminables procesiones de hormigas , cada una de las cuales lleva un pedazo de hoja verde para sus ciudades subterráneas, dando a los humanos ejemplo de lo que deben ser la previsión y la cooperación.

Tomado de:

Uribe Uribe, Rafael “Elogio a las Patria: obra incoclusa”. El Liberal Ilustrado: Suplemento de Diario El liberal. Bogotá, N0. 1. 535-12, 1915 oct. 16, pp. 181 – 190

Escritos #7

Junio 2011

REFLEXIONES GENERALES

Sería fácil seguir llenando páginas con la expresión sinóptica de nuestras necesidades, y escribir sobre cada una de ellas un extensa monografía;  pero creo que basta lo expuesto para producir entre los verdaderos patriotas la alarma sobre la peligrosa situación moral, intelectual, social, económica, financiera y defensiva en que nos encontramos; y basta también  para concluir que si todos los colombianos, con todas nuestras facultades y recursos nos aplicáramos a atacar los problemas enumerados, tal vez dentro de cincuenta años tuviéramos adelantada su solución; ero que si  seguimos como hasta aquí hemos venido, el siglo XX acabará como se nos acabó el XIX, sin haber avanzado un paso, sino más bien retrocedido en muchas cosas; y eso es si antes no acontece que los ciudadanos serios llegue a pensar que lo mejor para el país sería que lo expropiasen por utilidad de la civilización, para colocarlo bajo el dominio o la tutela de un pueblo más equilibrado y más serio. Cuenta una leyenda que el filosofo griego Epiménides durmió a pierna suelta cincuenta años de un solo tirón, que cuando despertó, la casa estaba arruinada e invadida por la maleza, no tenía ya familia, ni amigos, ni conocidos, ni bienes. Es lo que acontece a todos los dormilones. Los bienes del que duermen están a disposición del primer atrevido.

Tomado del libro: Morales, Benítez Otto –selección y prólogo- El Pensamientos Social de Uribe Uribe.                   2 ed. – – Medellín: Secretaría de Educación y Cultura, 1988. pag.  112 – 113

Escritos # 8

Julio 2011

Desarrollemos en nosotros y a nuestro rededor las costumbres de un pueblo libre; hagamos comprender a nuestros conciudadanos que la salvación está en ellos mismos, que son responsables de la cosa pública y que es una solemne necesidad espera una redención nacional  de que ellos mismos no hayan sido los laboriosos y pacientes fabricantes. Tratemos de abri una tronera por donde, a pesar de las risas de los escépticos, la duda de los desalentados y la negación de los egoístas, acaben pro pasar el buen sentido  y la lealtad naticas del alma colombiana.

Tomado del libro: Morales, Benítez Otto –selección y prólogo- El Pensamientos Social de Uribe Uribe.                   2 ed. – – Medellín: Secretaría de Educación y Cultura, 1988. pag.  114

Escritos # 9

Agosto 2011

El General Uribe Uribe fue administrador también de las fincas cafeteras del Ceilán, Acuatá, Viotá y Tocaima en Cundinamarca donde aprendió mucho sobre la incipiente industria cafetera. Esa experiencia le permitió tener una visión local y nacional del despegue de la nueva Industria, razón por la cual asumió la defensa de los intereses económicos cafeteros.  Realizó una difusión de los conocimientos prácticos alrededor del café: origen, países productores, variedades, torrefacción, influencia sobre la salud y nutrición, entre otros. También al General Uribe Uribe, se le debe que fue un gran promotor del consumo del café.   En carta enviada al señor Epaminondas López, documento que hoy se estima como histórico, el General Uribe Uribe propuso que el consumo de café negro fuera obligatorio en todas partes: oficinas del gobierno, cuarteles del ejército y de policía, cárceles, internados de colegios y universidades, cuadrillas de obreros de ferrocarriles y caminos.  El café, según el General Uribe Uribe, debía ser también complemento digestivo del almuerzo, las onces, la comida y la cena; es decir, consumirse cinco o seis veces diarias.  En un aparte de aquel documento se lee:

“Desde hace tiempo una de mis preocupaciones es generalizar en nuestro país el uso del café. Encuentro en ello tres grandes ventajas: buscarle al grano mercados nacionales, procurarle al pueblo un buen alimento y combatir el alcoholismo” El General Uribe Uribe argumentaba que el consumo masivo del café le abría al grano el mercado interno, pues en caso de una caída de precios en el mercado externo, actuaría como una especie de colchón amortiguador de la crisis “Soy testigo de que en la mayor parte de cafetales de Colombia no se les da café a los trabajadores…” decía para advertir sobre la contradicción que existía entre lo que los colombianos pensaban de la calidad de su café y lo poco que lo consumían.  En cuanto a su carácter alimenticio, desestimó por inocua la discusión en torno a si se trataba de una bebida nutritiva  o de un ‘alimento de ahorro’. Tenía claro que se trataba de una bebida que tonificaba y reconstituía las fuerzas del organismo, con efectos incluso antipalúdicos. “Siempre acostumbro dar café a mis tropas y observo que están menos expuestas a las fiebres. Además, cuando deben afrontar largas marchas, la distribución de café les posibilita resistir mejor la fatiga y el insomnio”, anotaba. Y sobre la tercera ventaja del café en oposición al alcohol, sostenía que si bien ambos estimulantes tenían efectos sobre el sistema nervioso y la circulación de la sangre, el primero representaba una alternativa más sana. Decía,  “… es noción científica universalmente aceptada que el café se opone al alcoholismo. Todo el mundo sabe que con una o dos tazas de café negro, se disipa la embriaguez. Además, si con el café se produce la excitación deseada, es claro que el organismo ya no busca, o busca menos, la del alcohol” Estas enseñanzas del general Uribe Uribe marcaron el comienzo para que en Antioquia y otras regiones del país fuera un hábito cotidiano el tomar café.

El General Uribe Uribe fue administrador también de las fincas cafeteras del Ceilán, Acuatá, Viotá y Tocaima en Cundinamarca donde aprendió mucho sobre la incipiente industria cafetera. Esa experiencia le permitió tener una visión local y nacional del despegue de la nueva Industria, razón por la cual asumió la defensa de los intereses económicos cafeteros. Realizó una difusión de los conocimientos prácticos alrededor del café: origen, países productores, variedades, torrefacción, influencia sobre la salud y nutrición, entre otros. También al General Uribe Uribe, se le debe que fue un gran promotor del consumo del café. En carta enviada al señor Epaminondas López, documento que hoy se estima como histórico, el General Uribe Uribe propuso que el consumo de café negro fuera obligatorio en todas partes: oficinas del gobierno, cuarteles del ejército y de policía, cárceles, internados de colegios y universidades, cuadrillas de obreros de ferrocarriles y caminos. El café, según el General Uribe Uribe, debía ser también complemento digestivo del almuerzo, las onces, la comida y la cena; es decir, consumirse cinco o seis veces diarias. En un aparte de aquel documento se lee: “Desde hace tiempo una de mis preocupaciones es generalizar en nuestro país el uso del café. Encuentro en ello tres grandes ventajas: buscarle al grano mercados nacionales, procurarle al pueblo un buen alimento y combatir el alcoholismo” El General Uribe Uribe argumentaba que el consumo masivo del café le abría al grano el mercado interno, pues en caso de una caída de precios en el mercado externo, actuaría como una especie de colchón amortiguador de la crisis “Soy testigo de que en la mayor parte de cafetales de Colombia no se les da café a los trabajadores…” decía para advertir sobre la contradicción que existía entre lo que los colombianos pensaban de la calidad de su café y lo poco que lo consumían. En cuanto a su carácter alimenticio, desestimó por inocua la discusión en torno a si se trataba de una bebida nutritiva  o de un ‘alimento de ahorro’. Tenía claro que se trataba de una bebida que tonificaba y reconstituía las fuerzas del organismo, con efectos incluso antipalúdicos. “Siempre acostumbro dar café a mis tropas y observo que están menos expuestas a las fiebres. Además, cuando deben afrontar largas marchas, la distribución de café les posibilita resistir mejor la fatiga y el insomnio”, anotaba. Y sobre la tercera ventaja del café en oposición al alcohol, sostenía que si bien ambos estimulantes tenían efectos sobre el sistema nervioso y la circulación de la sangre, el primero representaba una alternativa más sana. Decía,  “… es noción científica universalmente aceptada que el café se opone al alcoholismo. Todo el mundo sabe que con una o dos tazas de café negro, se disipa la embriaguez. Además, si con el café se produce la excitación deseada, es claro que el organismo ya no busca, o busca menos, la del alcohol” Estas enseñanzas del general Uribe Uribe marcaron el comienzo para que en Antioquia y otras regiones del país fuera un hábito cotidiano el tomar café. El General Uribe Uribe fue administrador también de las fincas cafeteras del Ceilán, Acuatá, Viotá y Tocaima en Cundinamarca donde aprendió mucho sobre la incipiente industria cafetera. Esa experiencia le permitió tener una visión local y nacional del despegue de la nueva Industria, razón por la cual asumió la defensa de los intereses económicos cafeteros. Realizó una difusión de los conocimientos prácticos alrededor del café: origen, países productores, variedades, torrefacción, influencia sobre la salud y nutrición, entre otros. También al General Uribe Uribe, se le debe que fue un gran promotor del consumo del café. En carta enviada al señor Epaminondas López, documento que hoy se estima como histórico, el General Uribe Uribe propuso que el consumo de café negro fuera obligatorio en todas partes: oficinas del gobierno, cuarteles del ejército y de policía, cárceles, internados de colegios y universidades, cuadrillas de obreros de ferrocarriles y caminos. El café, según el General Uribe Uribe, debía ser también complemento digestivo del almuerzo, las onces, la comida y la cena; es decir, consumirse cinco o seis veces diarias. En un aparte de aquel documento se lee: “Desde hace tiempo una de mis preocupaciones es generalizar en nuestro país el uso del café. Encuentro en ello tres grandes ventajas: buscarle al grano mercados nacionales, procurarle al pueblo un buen alimento y combatir el alcoholismo” El General Uribe Uribe argumentaba que el consumo masivo del café le abría al grano el mercado interno, pues en caso de una caída de precios en el mercado externo, actuaría como una especie de colchón amortiguador de la crisis “Soy testigo de que en la mayor parte de cafetales de Colombia no se les da café a los trabajadores…” decía para advertir sobre la contradicción que existía entre lo que los colombianos pensaban de la calidad de su café y lo poco que lo consumían. En cuanto a su carácter alimenticio, desestimó por inocua la discusión en torno a si se trataba de una bebida nutritiva  o de un ‘alimento de ahorro’. Tenía claro que se trataba de una bebida que tonificaba y reconstituía las fuerzas del organismo, con efectos incluso antipalúdicos. “Siempre acostumbro dar café a mis tropas y observo que están menos expuestas a las fiebres. Además, cuando deben afrontar largas marchas, la distribución de café les posibilita resistir mejor la fatiga y el insomnio”, anotaba. Y sobre la tercera ventaja del café en oposición al alcohol, sostenía que si bien ambos estimulantes tenían efectos sobre el sistema nervioso y la circulación de la sangre, el primero representaba una alternativa más sana. Decía,  “… es noción científica universalmente aceptada que el café se opone al alcoholismo. Todo el mundo sabe que con una o dos tazas de café negro, se disipa la embriaguez. Además, si con el café se produce la excitación deseada, es claro que el organismo ya no busca, o busca menos, la del alcohol” Estas enseñanzas del general Uribe Uribe marcaron el comienzo para que en Antioquia y otras regiones del país fuera un hábito cotidiano el tomar café.

Tomado de: BOTERO, Franco Luis Fernando, Discurso en el día de inauguración de la Casa Museo Histórico Rafael Uribe Uribe el 26 de noviembre. (pág. 3, 4)

Escritos # 10

Septiembre 2011

Tijuca, abril 12 de 1907

Mujeres de mi corazón: (cualquiera diría que este es vocativo de polígamo). En día como éste, hace medio siglo menos dos años, en la hacienda de Palmar, Distrito de Valparaíso, Provincia de Sudoeste, Estado soberano de Antioquia, República de Colombia, Suramérica, globo terráqueo, sistema solar (con estas seños es imposible equivocar el número y la calle), daba un muchacho su primer berrido, y tántos más dio después y tanta fama de llorón que le pusieron por apodo y por burla “general Córdoba”, por lo cobarde que era, no imaginando nadie que de tal modo perdiera el miedo y que no faltase quien lo equiparara, ya de veras, al mártir del Santuario. Mucho tiempo también se le tuvo por bobo, a causa de su extremada simplicidad, que a la hora  de aproximarse a la media centuria, no ha acabado de perder. Todavía cree en la buena fe de los demás; midiéndoles por el patrón de su propia rectitud, tiénelos a priori por caballeros, y como no se cura de semejante inocencia, se lleva a cada nada chascos y decepciones que lo dejan turulato. Cuando se atreve a ser sincero, en medio de la mascarada universal, en que nadie da la cara ni dice lo que piensa!  Por eso, jamás sirvió ni servirá para político, de lo cual está convencido.

Soy Don de Castilla, como decían orgullosamente nuestro antepasados chapetones, el dueño de estos datos autobiográficos, que trazo en charla, para ocultar la tristeza de verme tan lejos de mi casa y tan solito el día de mi cumpleaños. Bien de salud si estoy; con el ejercicio a caballo estoy haciendo menos malas digestiones y durmiendo algo mejor. Todos los días monto y me voy por la floresta, tres o cuatro horas. Con un mes de esta vida, me robustecerá bastante. Y si no, no  me hace falta “manteca no es bastimento”.

Y como no tengo cartas de ustedes, aquí termino ésta, abrazándolas y besándolas en cargamontón, pero aparte y con mucha delicadeza a mi divina nieta.

Su afectísimo

RAFAEL

Tomado del libro:

Uribe Uribe Rafael, La voz del héroe, Autores antioqueños volumen 5. Imprenta Departamental Medellín 1959. Pág. 38-39

Escritos # 11

Octubre 2011

El único camino: socialismo de Estado

Mas para salir del abismo en que nos hallamos y levantarnos a la altura que nos corresponde por nuestra situación geográfica, a la riqueza del suelo, el talento y las virtudes de la raza, no hay otro camino que el adoptado por las naciones europeas para llegar a su actual prosperidad: el socialismo de Estado, dentro de límites prudente y ejercido con tino y probidad. Pero esto aceptado conscientemente como una doctrina, como un plan fijo e invariable para desarrollarlo en el tiempo, no para tomarlo y abandonarlo  sucesivamente, con floja voluntad  veleidosa. En materias económicas, como una política como en todo, hemos venido girando a todo viento, y dando tumbos a diestro y siniestro, como borrachos. Tracémonos, de hoy en adelante, una línea recta de conducta, y sigámosla con tesón, a despecho de tropiezos  accidentales. 

Uribe, Uribe Rafael , Escritos Políticos. El Ancora Editores. Bogotá, 1984. pág.  119.

Escritos # 12

Noviembre 2011

EL PROLEMA DE LA PAZ INTERNA

Bastante se ha avanzado para establecerla en la única parte donde ella debe residir, que es en el ánimo de los mismos colombianos. Pero confesamos que todavía abrigamos duda sobre su estabilidad y todavía tenemos que pueda alterarse, porque bajo el rescoldo hay aún carbones mal apagados, capaces de hacer llamarada al soplar un viento propicio. No hace mucho tiempo se formó aquí un Liga de Paz, que si no se inspiraba en la necesidad de combatir corrientes opuestas y peligros posibles cuya existencia se admitía, en todo caso era un compromiso que los colombianos tomaban consigo mismos, a la manera de quienes se enrolan en las sociedades de temperancia para defender su virtud vacilante y rodear de vallas una voluntad que no se siente firme. En otros países la paz interna no se discute, no se pone en duda, es un hecho adquirido en firme, con todos cuentan y que es la base todas las operaciones de la vida. Mientras que aquí, si cada colombiano desciende al fondo de su conciencia y la escruta hondamente, no es cierto que allí encuentra el sentimiento vago de que cada situación de las que hemos venido atravesando no es definitiva sino transitoria? Transitorio y no definitivo es todo en el mundo, todo en lo humano, y particularmente todo en lo político; pero el recelo que nos asiste no es el de los cambios lentos por evolución tranquila, que son inevitables y aun deseables, sino el de vuelcos repentinos e inesperados. Algo sabemos todos de elementos que hallando cabida en el juego normal del orden y la ley, acechan en la sombra la ocasión del asalto, y esto nos produce una zozobra análoga a la del viajero de noche por nuestras selvas, que sintiera fijos sobre sí los ojos rutilantes del jaguar.

Tomado del libro: Morales, Benítez Otto –selección y prólogo- El Pensamientos Social de Uribe Uribe.                   2 ed. – – Medellín: Secretaría de Educación y Cultura, 1988. pags. 75-76

Escritos # 13

Diciembre 2011

EL AMOR AL PUEBLO

En las democracias, todos somos pueblo, sea cual fuere la clase social a que pertenezcamos; como ante la ley todos tenemos unos mismos derechos y unos mismos deberes , todos hacemos parte del pueblo, con un mismo título: el de ciudadanos. El pueblo no es, como en el lenguaje común que significa una parte de la Nación, es la Nación toda, donde finca la fuerza del estado. Los encumbrados a los altos puestos del Gobierno, y que por eso sólo parecen olvidar su origen y embeberse en el intempestivo orgullo de la abrogada tradición del derecho divino, pueden querer establecer diferencias en la población, para enaltecer una parte de ella y deprimir la otra, a quien aparentan despreciar, sólo porque es la más pobre y desvalida, cuando justamente por eso mismo debería merecer el cuidado preferente de los poderes públicos para levantarla y hacerla respetable.

Es muy fácil oscurecer la idea de pueblo con el nombre de vulgo o de plebe y aparecer como avergonzado de haber pertenecido a él, cuando a él se deben el título y los poderes que se tienen y cuando el mando que se ejerce es en nombre del pueblo; pero es lo cierto que quien  no se apoya en él y se le desvincula, pierde toda probabilidad de buen éxito.

Tomado del libro: Morales, Benítez Otto –selección y prólogo- El Pensamientos Social de Uribe Uribe.                   2 ed. – – Medellín: Secretaría de Educación y Cultura, 1988. pags. 152-153


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